Columnista

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Por: Latin Lab

Por Valeria Dotro

Hace poco me contaba el padre de un niño de 7 años que había decidido, después de resistirse durante un tiempo, regalarle a su hijo un celular, en la fecha de los Reyes Magos. Días después, el celular suena en la casa y el niño lo contesta. Una persona le preguntó por su padre y él contestó que su papá no se encontraba. Le pidieron que por favor le avisara a su papá que habían llamado de Garbarino (local de venta de electrodomésticos) y que querían hablar con el dueño del celular. Entonces, el niño dijo enseguida que el dueño era él. El empleado le explicó que el teléfono era de él pero que querían hablar con el titular, es decir con la persona que lo había comprado. Al escuchar esto, el niño, con gran seguridad le contestó: “Ah, entonces no tenés que hablar con mi papá, tenés que hablar con los Reyes Magos”.

Lo que resulta interesante de esta anécdota es que nos ubica frente a estas nuevas identidades infantiles que tanto tienen de complejo y heterogéneo. Identidades infantiles atravesadas tanto por los saberes con respecto a las nuevas tecnologías y a los medios de comunicación como por las preguntas esenciales de todos los tiempos y, tanto por el consumo como por nuevas formas de polarización social.

Esas son las infancias que tenemos y las que también, de diferentes formas aparecen representadas en los medios, en el cine y en el discurso cotidiano. Los chicos y chicas construyen su identidad basados en las múltiples referencias, entre las cuales el mercado, básicamente a través de los medios y de las nuevas tecnologías ocupan un lugar central.

Uno de los factores esenciales y quizás el más evidente, es la fuerte presencia de los productos de la industria cultural y de los medios de comunicación en el cotidiano infantil. El mercado llega hasta el patio de la escuela, al salón del hogar y ocupa cada vez más puestos en la ciudad. Los canales de cable, los complejos de cine, las emisoras de radio FM, los supermercados, los kioscos, los centros comerciales o los restaurantes de comida rápida se vuelven espacios naturales para la vida diaria pero pasan desapercibidos en su impacto sobre la formación de los niños y la constitución de subjetividades.

La presencia de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana de los niños es, este momento, un elemento que no se suele discutir. La manera con que esa presencia modifica la relación entre niños y adultos, las características de los procesos de socialización anteriores y las formas de construcción de las identidades infantiles, nos permiten definir a estos medios como nuevos agentes de socialización.

Pero, ¿quiénes son estos nuevos niños? ¿Qué nos muestran de ellos la publicidad y los medios? La figura central con la que nos encontramos es la del niño consumidor: uno que, como explica la investigadora brasileña Rabello de Castro, ha sido elevado al mismo estatus que el adulto, a partir de la interpelación del mercado[1]. Si antes, los niños eran seres en potencia, y su participación en la esfera productiva era negada por completo, la sociedad de consumo, en la búsqueda por nuevos compradores para ampliar sus alcances, incorpora a los niños, dándoles una visibilidad inédita. Los niños, con el consumo, pasan a ser agentes y actores activos del escenario de hoy: los niños son también capaces de consumir. Al igual que el resto de los ciudadanos adultos, son siempre potenciales consumidores. (Rabello de Castro, 2001)

Las infancias que tenemos están atravesadas por la polarización social y la fragmentación del consumo material, pero son interpeladas por el mercado con un discurso diferente y casi opuesto a aquel con el cual las instituciones las interpela. Las infancias contemporáneas perciben de un modo diferente al de los adultos y al de la escuela, los niños tienen acceso a muchos conocimientos, informaciones y saberes les son ofrecidos desde muy temprano y, muchas veces, sin que un adulto los transmita. Los niños están “empapados de otros lenguajes, saberes, escrituras y deseos que circulan por la sociedad y que el mercado les ofrece”.

Pero además, estas nuevas infancias son víctimas de la fragmentación social y económica más que en cualquier otra época. Y son, además, víctimas del desconcierto de los adultos ante sus nuevas maneras de ser niños. Por eso, el desafío más importante sea tal vez, mirar a los niños, conocer sus nuevas maneras de ser y de estar en este mundo contemporáneo, comprender el modo en que construyen identidad. Volver a mirarlos una y otra vez. Para entenderlos y para ayudarlos a entender. Para acompañarlos y para – de un modo diferente al de la modernidad, pero no por eso menos significativo-, protegerlos y ayudarlos a crecer.

[1] Rabello de Castro, L. Infancia y Adolescencia en la Cultura del Consumo, Bs. As.: Grupo Editorial Lumen. 2001.

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(Português) LATINLAB é um laboratório de investigação, criação e reflexão em torno da televisão infantil e das multiplataformas na América Latina.